La vida humana depende de la actividad de las plantas, aunque solo sea porque la existencia de la biosfera de la Tierra se debe a la presencia de las plantas, especialmente aquellas en las que se realiza el proceso de fotosíntesis.

La vida humana siempre fluía entre las plantas.

Las plantas proporcionaban  refugio, alimentos, medicinas, antídotos al hombre antiguo.

Las plantas se usaban en rituales de culto: como amuletos, para limpiar viviendas de espíritus malignos y energías negativas, para honrar a los ganadores (laureles), expresar sentimientos (ramos de flores), etc.

Las semillas dan la vida a las plantas.

Así las semillas contienen una energía enorme potencial, en su estado latente, incluso la energía del RENACIMIENTO de su propia especie.

A través del mecanismo de la respiración energética, hay un intercambio constante de esta energía latente con el medio externo, por lo que la semilla, como FUENTE DE LA VIDA, puede ayudar a mejorar el estado de los organismos vivos (los animales conocen bien las propiedades de las plantas y suelen tratarse con las hierbas en la naturaleza ).

La terapia de semillas es un método de tratamiento muy natural y bastante fácil de aplicar que da los resultados extraordinarios y seguros en la práctica.

La efectividad de dicha técnica se debe al hecho de que las ondas biológicas emitidas durante la vida de las semillas estimulan los puntos activos de correspondencia a los órganos afectados, los llenan de energía vital y al mismo tiempo absorben de ellos la energía patológica.

Este método puede ser utilizado tanto por profesionales en su práctica, como por cualquier persona en su vida cotidiana siendo una gran herramienta para mejorar la calidad de la vida.

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